El trastorno obsesivo compulsivo (TOC) es un trastorno de ansiedad en el que las personas que lo padecen tienen pensamientos, temores o preocupaciones irracionales que tratan de superar mediante una actividad ritual. Las imágenes o los pensamientos perturbadores y frecuentes se denominan obsesiones y los rituales repetidos que se llevan a cabo para evitarlos o disiparlos se llaman compulsiones.
Durante el crecimiento y el desarrollo normal de los niños y los adolescentes, los rituales y los pensamientos obsesivos con frecuencia se producen con un propósito y un enfoque basados en la edad. Los niños en edad preescolar utilizan rituales y rutinas relacionadas con las comidas, el baño y la hora de dormir que los ayuda a estabilizar sus expectativas y la comprensión de su mundo. Los niños en edad escolar suelen desarrollar rituales grupales cuando aprenden a jugar, a practicar deportes en equipo y a recitar rimas. Los niños mayores y los adolescentes comienzan a coleccionar objetos y a desarrollar pasatiempos. Estos rituales ayudan a los niños a socializarse y a aprender a dominar la ansiedad. Un niño o un adolescente con TOC tiene pensamientos obsesivos que no son deseados y que se relacionan con los miedos (como por ejemplo, el miedo a tocar objetos sucios) y, por lo tanto, utiliza rituales compulsivos para controlar esos miedos (como por ejemplo, lavarse las manos excesivamente). Los pensamientos obsesivos de las personas que padecen TOC originan preocupación y los rituales compulsivos pueden volverse tan frecuentes o intensos que interfieren con las actividades de la vida diaria y las actividades normales de desarrollo.
Aún se desconoce la causa del trastorno obsesivo compulsivo, no obstante, las investigaciones indican que es un trastorno neurológico. Las evidencias sugieren que las personas con este trastorno tienen una deficiencia de un neurotransmisor químico que se encuentra en el cerebro llamado serotonina. El TOC suele ser una característica familiar, lo que sugiere la presencia de un componente genético. Sin embargo, también puede desarrollarse sin antecedentes familiares del trastorno. Estudios recientes sugieren que las infecciones por estreptococos pueden provocar la aparición del TOC o, en ciertos casos, agravarlo.
A pesar de es posible que el trastorno obsesivo-compulsivo (su sigla en inglés es OCD) se presente también en niños, se manifiesta con mayor frecuencia en los adolescentes. La cifra correspondiente a niños y adolescentes con OCD equivale al 2 por ciento a 3 por ciento.
A continuación se enumeran los síntomas más comunes del trastorno obsesivo compulsivo. Sin embargo, cada adolescente puede experimentarlos de una forma diferente. Los síntomas pueden incluir:
Las conductas compulsivas (los rituales repetitivos que se utilizan para reducir la ansiedad causada por las obsesiones) pueden volverse excesivos, molestos y pueden demandar mucho tiempo e incluso interferir con las actividades diarias y las relaciones interpersonales. Entre algunos ejemplos de conducta compulsiva se pueden incluir los siguientes:
Los síntomas del trastorno obsesivo compulsivo pueden parecerse a los de otros cuadros clínicos o problemas psiquiátricos, entre los que se incluye el trastorno de Tourette. Siempre consulte al médico de su hijo adolescente para obtener un diagnóstico.
Un psiquiatra infantil u otro profesional de la salud mental calificado normalmente diagnostica los trastornos de ansiedad en niños y adolescentes a partir de una evaluación psiquiátrica completa. Los padres que advierten síntomas de ansiedad grave o conductas excesivas o compulsivas en sus niños o hijos adolescentes pueden ayudarlos procurando una evaluación y tratamiento precoces, decisión clave para reducir la aparición e incidencia de problemas en el futuro.
Para que pueda realizarse un diagnóstico de TOC, las obsesiones y compulsiones deben ser suficientemente dominantes, graves y molestas como para que las actividades diarias del niño o adolescente se vean afectadas de manera negativa. En la mayoría de los casos, las actividades involucradas en el trastorno (por ejemplo, lavarse las manos o controlar las cerraduras de las puertas) insumen más de una hora diaria y provocan angustia psicológica y un desempeño mental reducido. Muy frecuentemente, los adultos notan que estas conductas no son normales, sin embargo, los niños y adolescentes no cuentan con la capacidad crítica para juzgar este tipo de conducta como irracional o anormal.
El tratamiento específico para el TOC será determinado por el médico de su hijo adolescente basándose en lo siguiente:
Es importante saber que el TOC puede tratarse con efectividad, generalmente mediante la combinación de terapia individual y medicamentos. El tratamiento siempre debe basarse en una evaluación integral del adolescente y de la familia. Generalmente, la terapia individual incluye técnicas cognitivas conductuales. Este tipo de terapia se concentra en ayudar al niño o adolescente a identificar y comprender sus miedos y a aprender nuevas formas de resolverlos o disminuirlos con mayor efectividad. Las técnicas conductuales ayudan al niño o adolescente y a sus familias a establecer acuerdos o pautas para limitar o cambiar las conductas (por ejemplo, establecer una cantidad máxima de veces que un niño con el trastorno tiene permitido lavarse las manos). Los medicamentos que suelen utilizarse para tratar el trastorno se clasifican en inhibidores selectivos de la reabsorción de la seronina (su sigla en inglés es SSRI), medicamentos que afectan de forma selectiva los mecanismos neurotransmisores en el sistema nervioso central. Si se determina que el trastorno está relacionado con una infección por estreptococos, es probable que el médico de su hijo le indique una serie de antibióticos. A veces se recomienda la terapia familiar y la consulta con la escuela del niño como parte del tratamiento. Los padres desempeñan un papel fundamental de apoyo en cualquier proceso de tratamiento.
Aproximadamente, entre el 20 y el 40 por ciento de los adolescentes con TOC presentan, además, uno o más tipos de trastornos alimenticios, que también requieren tratamiento.
Aún se desconocen medidas preventivas que permitan reducir la incidencia de los trastornos de TOC en los adolescentes. Sin embargo, la detección e intervención precoces pueden reducir la gravedad de los síntomas, estimular el crecimiento y el desarrollo normal y mejorar la calidad de vida de los niños o adolescentes que tienen trastornos de ansiedad.
Haz click aquí para ir a la página de
Recursos en la Red de La Medicina del Adolescente