La atresia biliar es un problema hepático crónico y progresivo que se manifiesta poco tiempo después del nacimiento. Los conductos dentro y fuera del hígado, denominados conductos biliares, normalmente permiten que un líquido producido por el hígado, llamado bilis, drene en los intestinos y los riñones. La bilis ayuda en la digestión y lleva los productos de desecho desde el hígado hasta el intestino y los riñones para su excreción. En la atresia biliar, los conductos biliares que se encuentran dentro o fuera del hígado están bloqueados. Cuando la bilis no puede salir del hígado a través de los conductos biliares, el hígado se daña, lo cual afecta muchas funciones vitales del cuerpo.
La causa de la atresia biliar se desconoce. Algunos investigadores y médicos creen que los bebés nacen con atresia biliar, implicando que el problema con los conductos biliares ocurrió durante el embarazo, mientras el hígado se estaba desarrollando. Otros creen que la enfermedad comienza después del nacimiento, y puede ser causada por la exposición a infecciones o a sustancias tóxicas.
La atresia biliar no parece estar relacionada con medicamentos que haya ingerido o enfermedades que haya padecido la madre, o algo que haya hecho la madre durante el embarazo. En la actualidad no hay ningún vínculo genético conocido para la atresia biliar. No es probable que la enfermedad ocurra más de una vez en una familia.
La atresia biliar causa daño al hígado y afecta a numerosos procesos importantes que permiten al cuerpo funcionar normalmente. Es una enfermedad que pone en peligro la vida y resulta mortal si no recibe tratamiento.
Los bebés con atresia biliar suelen parecer saludables al nacer. En la mayoría de los casos, los síntomas aparecen entre las dos semanas y los dos meses de vida, y pueden incluir:
La ictericia es la coloración amarilla de la piel y de la parte blanca del ojo debido a un nivel de bilirrubina (pigmento biliar) anormalmente alto en el torrente sanguíneo, que luego es excretada a través de los riñones. Los niveles altos de bilirrubina pueden atribuirse a la inflamación, a otras anormalidades de las células del hígado o al bloqueo de los conductos biliares. La ictericia suele ser el primer signo, y a veces el único, de una enfermedad hepática.
Los síntomas de la atresia biliar pueden parecerse a los de otros trastornos o problemas médicos. Consulte al médico de su hijo para el diagnóstico.
Un médico o un profesional del cuidado para la salud examinará a su hijo y obtendrá sus antecedentes médicos. Se realizan varios procedimientos de diagnóstico para ayudar a evaluar el problema, entre los cuales se pueden incluir:
La prueba que permite realizar el diagnóstico más definitivo es una biopsia de hígado. Se toma una muestra de tejido hepático de su hijo y se examina que no tenga anomalías, permitiendo distinguir la atresia biliar de otros problemas hepáticos.
El tratamiento específico de la atresia biliar será determinado por el médico de su hijo basándose en lo siguiente:
La atresia biliar es un problema irreversible. No existen medicamentos que puedan administrarse para desbloquear los conductos biliares o estimular el crecimiento de los conductos biliares adonde antes no había ninguno. Hasta que eso suceda, la atresia biliar es incurable. Sin embargo, se pueden llevar a cabo dos operaciones diferentes que permitirán al niño con atresia biliar vivir más tiempo y tener mejor calidad de vida. El médico de su hijo puede ayudar a determinar si alguna de estas operaciones es una opción.
Después de la cirugía, el hígado nuevo comienza a funcionar y la salud del niño suele mejorar rápidamente. Luego de un trasplante de hígado, los niños deberán tomar medicamentos para prevenir que el cuerpo rechace el nuevo órgano. El rechazo ocurre debido a uno de los mecanismos protectores normales del cuerpo, que ayuda a combatir la invasión de virus, tumores y otras sustancias extrañas. Los medicamentos antirrechazo se toman para prevenir que esta respuesta normal del cuerpo combata el órgano trasplantado. El contacto frecuente con los médicos y otros miembros del equipo de trasplante es crucial después de un trasplante de hígado.
Antes de que su hijo se someta a una de estas operaciones, la nutrición puede presentar un problema. Con la atresia biliar, no llega suficiente bilis al intestino para ayudar a digerir las grasas de la dieta. El daño al hígado puede ocasionar deficiencias de proteínas. También es posible que ocurran deficiencias de vitaminas. Los niños con una enfermedad hepática requieren más calorías que un niño normal, debido a su metabolismo más rápido.
Su médico puede recomendar que un nutricionista pediátrico lo asesore sobre la dieta de su hijo. Estas pautas nutricionales pueden incluir las siguientes:
Después de la cirugía, la digestión de su hijo puede normalizarse, o quizá aún necesite administrar vitaminas adicionales y, o trabajar en la dieta de su hijo. Consulte al médico de su hijo para obtener más recomendaciones.
Muchos factores afectan las perspectivas a largo plazo para estos niños. Algunos de estos incluyen:
Después de un trasplante de hígado, la salud del niño generalmente mejorará; sin embargo, debe seguir un régimen médico riguroso.
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