Según el Instituto Nacional del Cáncer (National Cancer Institute), cuando la prueba de Papanicolaou muestra ambigüedad o una anomalía menor, generalmente debe repetirse para garantizar su precisión.
Si la prueba muestra una anomalía significativa, se puede realizar una colposcopía (que utiliza un instrumento llamado colposcopio) para examinar la vagina y el cérvix (cuello uterino).
Además se puede realizar la prueba de Schiller, en la que se recubre el cérvix con una solución de yodo.
Otra alternativa es realizar una biopsia en la que el médico extrae una pequeña muestra de tejido cervical para que un patólogo la examine. ésta es la única forma definitiva de determinar si las células anormales indican la presencia de cáncer.
La prueba de Papanicolaou (también llamada frotis vaginal) es una forma de examinar las células extraídas del cérvix, o de la "boca" de la matriz (ubicada en la parte superior de la vagina), para detectar la presencia de:
La prueba de Papanicolaou, junto con el examen pélvico, es una parte importante de la rutina para el cuidado de la salud de la mujer porque puede detectar anomalías que pueden originar cáncer invasivo. La mayoría de los cánceres invasivos del cérvix pueden detectarse temprano si la mujer se somete regularmente a pruebas de Papanicolaou y exámenes pélvicos. Al igual que con otros tipos de cáncer, el tratamiento del cáncer de cérvix tiene mayores probabilidades de éxito si se realiza una detección temprana.
Sin embargo, la prueba de Papanicolaou es útil no solamente para detectar células cancerosas, sino también otros cambios en el cérvix y la vagina, incluidos la displasia o las células precancerosas, como así también una inflamación en el área cervical. La inflamación puede ser provocada por:
Las mujeres deberían consultar siempre al médico acerca de la fecha y la frecuencia para la realización del Papanicolaou y el examen pélvico.
Según el Instituto Nacional del Cáncer (National Cancer Institute, su sigla en inglés es NCI), la Sociedad Estadounidense del Cáncer (American Cancer Society, su sigla en inglés es ACS), y el Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos (American College of Obstetricians and Gynecologists, su sigla en inglés es ACOG), las pautas generales incluyen:
Durante los últimos años, una nueva manera de evaluar las células cervicales y hallar anomalías ha tenido gran aceptación entre la comunidad médica. Este procedimiento se denomina citología basada en líquido. La prueba fue aprobado por la Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (FDA), y es un procedimiento basado en un líquido, mediante el cual se colocan las células del cuello del útero en un frasquito con el líquido, en vez de "regarlos" en un portaobjetos. A continuación, se filtra el líquido y las células cervicales se colocan solas en un portaobjetos para poder ser examinadas. Aunque el costo del procedimiento es el doble si se lo compara con un examen de Papanicolau, los estudios muestran que estas pruebas podrían requerir menos repeticiones y detectar más lesiones en la etapa temprana. Consulte con su médico para obtener más información.
Cuando se identifican células anormales en una prueba de Papanicolau, por lo general se recomiendan pruebas adicionales para determinar si la anormalidad requiere un tratamiento. Sin embargo, un informe de 2006 del Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos (ACOG) recomienda que los resultados anormales en pruebas de Papanicolau de adolescentes se deben tratar de manera algo diferente.
La mayoría de las lesiones del cuello del útero de bajo grado en las adolescentes desaparecerán sin necesidad de tratamiento. Por lo tanto, el ACOG actualmente recomienda repetir la prueba de Papanicolau a intervalos de 6 ó 12 meses durante un año después de la prueba anormal original, según la situación individual de la adolescente involucrada. Sin embargo, el plan de acción para pruebas y tratamiento posteriores luego de resultados anormales en una de estas pruebas dependerá del tipo de anormalidad hallado y la situación general de salud de la adolescente.
Debido a que se ha descubierto que determinadas cepas del Virus del papiloma humano (HPV, por sus siglas en inglés) causan la mayoría de los casos de cáncer de cuello uterino, los esfuerzos de la investigación se centraron en desarrollar una vacuna contra el HPV. Ya se han desarrollado dos vacunas contra el HPV y los ensayos clínicos han sido exitosos.
Una de las vacunas, Gardasil®, fue aprobada por la Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (FDA) en el año 2006, y protege a las mujeres de las infecciones por HPV. Brinda protección contra cuatro tipos de HPV, incluyendo los dos virus que causan el 90 por ciento de las verrugas genitales. Gardasil se puede usar únicamente para prevenir la infección por HPV antes de que se desarrolle una prueba de Pap anormal.
Se administra en una serie de tres inyecciones durante un período de seis meses. Aún se debaten las recomendaciones para dar esta vacuna, pero muchos profesionales consideran que la vacuna debe aplicarse a las niñas antes de que sean sexualmente activas.
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